Cómo hacer kéfir

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Cómo hacer kéfir

El Kéfir es una bebida cremosa similar al yogurt cuyas propiedades permiten regular el sistema digestivo y restablece la flora intestinal perjudicada por el consumo de comidas ricas en grasas

Instrucciones

Hacer yogurt nunca ha resultado tan fácil como a través del fermento hidroalcohólico de la leche llamado kéfir, el cual contiene el complemento equilibrado de levaduras y bacterias. A continuación, mostramos sus propiedades y una guía práctica para su elaboración.

¿Que es el kéfir?

Se trata de un de una bebida cremosa similar al yogurt originaria de la región montañesa del Cáucaso, y que se popularizó por su longevidad en Europa a principios del siglo XX. Lo cierto es que a diferencia del tradicional lácteo mencionado o de su suero, que posee de 3 a 4 bacterias, este contiene hasta 7 bacilos (entre los que destacan el sachromyces kephir, el lactobacillus bulgaricus y el leuconostoc caucasiano) de elevado beneficio en la alimentación humana.

Propiedades del Kéfir

Entre las propiedades del kéfir hay que mencionar que permite regular el sistema digestivo y restablece la flora intestinal perjudicada por el consumo de comidas ricas en grasas, por el uso de antibióticos u otros tratamientos agresivos a dichos órganos.

Nutricionistas y médicos afirman que es la forma más sana de consumir leche, a diferencia del yogurt elaborado industrialmente o del realizado de forma casera, los cuales necesitan una previa esterilización. Aquí se aprovechan todos los beneficios de la bebida cruda.

Cómo hacer Kéfir

Hacer kéfir es fácil, aunque a veces sea difícil de conseguir el fermento. Para lo cual se necesitan 3/4 de litros de jugo lactosa, 150 gramos de nódulos del fermento en cuestión o una cucharada sopera colmada, y un recipiente de vidrio con tapa de amplia capacidad.

Se debe colocar la leche a temperatura ambiente en la vasija y añadir los fermentos. Se deja reposar cerrado herméticamente, a elección: o un día, o 36 horas alejado de exceso de frío (evitando la nevera) o de calor. El tiempo decidirá lo que se busque, porque si se elige una duración corta puede tener un efecto laxante, y si se decide conservarlo durante más tiempo resultará un producto astringente.

Luego se cuelan los nódulos y se vuelven a incorporar a la leche. Si no se va a consumir durante algunas semanas, conservar en la nevera. Y recordar que caducan en 28 días.

Una vez hecho esto, se disfrutará de un preparado casero más saludable que el yogurt.


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